top of page

¿Por qué el gel nuru da vergüenza… y por qué no puedes dejar de pensarlo?

Foto del escritor: Gloria Cuevas Gómez.
Gloria Cuevas Gómez.
29 sept
2 min de lectura

Hay un momento en la sesión en el que el aceite normal se queda corto. El cuerpo ya está caliente, la respiración cambió y de pronto aparece ese gel transparente, denso, casi resbaloso de más. Nuru. Y ahí es cuando a muchos se les pone la cara rara.

No es vergüenza de ‘qué va a pensar de mí’. Es otra cosa. Es la sensación de que algo tan resbaloso, tan sin fricción, tan cuerpo-contra-cuerpo, está un paso más allá de lo que uno se había permitido imaginar. Como si el aceite tradicional todavía guardara cierta distancia… y el nuru la borrara de un jalón.

La primera vez que lo sientes en la piel es raro. Frío al principio, después tibio. Se esparce y de pronto no hay dónde agarrarse. Manos, pecho, espalda, muslos: todo se desliza. Y eso, justo eso, es lo que da vergüenza. Porque el cuerpo responde antes de que la cabeza decida si le parece bien o no.

Hay quien cierra los ojos y se ríe un poco, nervioso. Hay quien se queda quieto, esperando a ver qué sigue. Y hay quien, sin decir nada, se acomoda para que el contacto sea más completo. Nadie lo pide por WhatsApp con todas sus letras. Se llega, se prueba y se descubre.

Lo que engancha no es solo la textura. Es la forma en que el tiempo se dilata. Cuando ya no hay roce seco, cuando la piel se vuelve casi líquida, el movimiento se vuelve más lento y más preciso al mismo tiempo. Se siente más. Se escucha más la respiración. Se nota cada cambio de presión.

Después de un rato la vergüenza se transforma en otra cosa. En curiosidad. En ganas de no parar. Porque el cuerpo ya entendió que aquí no hay prisa ni meta, solo ese deslizamiento continuo que no se parece a nada de lo que pasa en la cama de la casa. Y eso, para muchos, es adictivo.

Algunos salen y días después siguen pensando en esa sensación de no tener dónde sujetarse. En cómo el gel hacía que cada movimiento fuera más íntimo sin necesidad de palabras. En lo fácil que fue olvidarse de todo lo demás.

Por eso el nuru se pide de segunda o de tercera vez. La primera suele ser curiosidad. Las siguientes ya son porque el cuerpo lo recuerda y lo busca. No es un truco de marketing. Es piel que aprendió un lenguaje distinto y no quiere volver al anterior.

Si alguna vez te dio pena preguntar por él, o si lo probaste y te quedaste con esa mezcla de ‘qué raro’ y ‘quiero más’, no estás solo. Es exactamente lo que pasa cuando algo tan simple como un gel logra que el cuerpo se sienta de otra manera. Y una vez que lo sientes, es difícil fingir que no pasó.

 
 
 

Comentarios


bottom of page